La raza de oveja que predomina en el Vall d'Aran es la aranesa, considerada autóctona y protegida oficialmente por encontrarse en peligro de extinción. La regresión de la ganadería en el territorio, claramente acelerada por la entrada del turismo, ha supuesto también una disminución significativa del censo de esta raza.
Aunque su origen exacto es incierto, no fue descrita formalmente hasta 1979 por Sánchez-Belda. Se cree que surge del cruce entre la raza autóctona del Valle de Arán, estrechamente emparentada con la Tarasconesa, y la raza merina, introducida por rebaños trashumantes que han atravesado el territorio durante siglos. De hecho, existe constancia documental de su presencia desde el siglo XV.
La oveja aranesa es de tamaño medio a grande, con una morfología robusta, cabeza fuerte y extremidades largas. Aunque existe un marcado dimorfismo sexual en cuanto a constitución y tamaño, ambos sexos presentan cuernos muy desarrollados, arqueados hacia atrás y enroscados en forma de espiral. La capa suele ser monocolor y blanca, aunque también se pueden encontrar otras variedades de colores: tintas, beretas, mascardas, capirrojas y oelhinera.
Su constitución física hace que esta raza esté perfectamente adaptada a las condiciones climáticas adversas de la región, lo que la convierte en excelente aprovechadora de los pastos de alta montaña.
Históricamente, la raza aranesa ha recibido poca atención; de hecho, no aparece en la mayoría de los catálogos hasta 1997, cuando se incorpora al Catálogo oficial como raza autóctona de protección especial. En 2004, ACORA (Asociación de Criadores de Ovino de la Raza Aranesa) inicia trabajos de conservación, gestión y promoción de la raza. Desde entonces, la tendencia poblacional ha sido positiva, tanto en lo que se refiere al número de efectivos como de ganaderías asociadas. Actualmente, el censo poblacional ronda los 4.500 ejemplares, que se encuentran principalmente en el Vall d'Aran y el Pallars Sobirà. Además, durante este período, también se ha logrado una mejora notable de la calidad y pureza de las ganaderías donde se ha puesto en valor la calidad de su carne.
El rebaño del proyecto Ovihuec.dat cuenta con dos razas de oveja distintas: la aranesa y la ripollesa. El objetivo de tener dos razas es poder establecer comparativas directas sobre la capacidad de adaptación a los pastos de alta montaña. Es por ello, que el equipo de Remugants de IRTA ha pesado las ovejas antes y después de la estancia en el grupo estival de Vilamòs, midiendo tanto el peso vivo como la condición corporal de los animales. También ha realizado un seguimiento del estado fisiológico, especialmente de los partos, para asegurar que la gestación u otros factores no condicionen los resultados.
Así pues, el estudio permitirá determinar si realmente las razas autóctonas son más eficientes en su territorio que otras más comerciales y ofrecerá una base sólida para orientar futuras decisiones de gestión ganadera. Este tipo de comparativas sirven para identificar los puntos fuertes de una y otra genética y sus puntos débiles. Los fuertes sirven para promocionar su uso allí donde están autóctonas y los débiles para orientar potenciales programas de mejora genética mirando hacia el futuro.



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