El Pirineo ofrece paisajes espectaculares y una gran diversidad de ecosistemas. Sin embargo, no todo es tan bonito como parece. Las condiciones que nos brindan estas montañas son extremas para la vida. Su altitud, que en algunos casos supera los 3.000 metros, hace que las temperaturas sean muy bajas en invierno y haya días con fuertes vientos y nevadas . En cambio, durante los meses de verano, las temperaturas se suavizan, se derrite la nieve y aparecen los primeros brotes tiernos y las primeras tormentas de verano, que suelen ser intensas en cuanto a la precipitación y actividad eléctrica.
La ganadería de este territorio se caracteriza por ser extensiva o semi extensiva, lo que significa que los animales pastan libremente en grandes extensiones de terreno. No obstante, algunas ganaderías optan por estabular durante los meses de invierno a los animales más delicados, como los terneros recién nacidos.En estos sistemas, los rebaños practican la trashumancia altitudinal, lo que implica desplazamientos estacionales para adaptarse a las condiciones climáticas y de pasto. Así, durante los meses de invierno, los rebaños se concentran en los fondos de valles, situándose en los prados cercanos a los pueblos, donde, debido a la falta de hierba fresca, se les da el forraje que se ha recogido durante los meses de verano.
Cuando llega el buen tiempo, los animales comienzan a pastar los prados cercanos a las poblaciones y, poco a poco, se desplazan hacia las zonas más altas de las montañas para aprovechar los pastos alpinos que ofrece el territorio. Esta práctica se conoce como trashumancia altitudinal, ya que, en lugar de recorrer largas distancias horizontales, los animales ascenden considerablemente para llegar a estas zonas más elevadas.
Sin embargo, los animales que pastos en las altas montañas no sólo deben enfrentarse a las condiciones climáticas adversas, sino también a la presencia de depredadores como el hueso pardo, que también habita en la zona.
Estas condiciones especiales de la ganadería en el Pirineo hacen que el bienestar de los animales sea una cuestión fundamental para el Programa de bienestar animal del IRTA y para el IRTA Pirineu. Por ello, se está trabajando para analizar y mejorar las condiciones en las que viven.



El entorno montañoso del territorio hace que localizar a los animales durante el verano sea una tarea complicada. Los pastos más elevados pueden encontrarse a horas de distancia del valle, y las rutas son a menudo complicadas o peligrosas en caso de mal tiempo. Durante los meses de verano, los ganaderos suben montaña arriba para localizar su ganado y asegurarse del buen estado de salud de todos los ejemplares. No obstante, las largas distancias y otras tareas del sector, como la recolección del forraje para el invierno, hacen que su vigilancia no sea tan frecuente como les gustaría.
La figura del ganadero es indispensable para el bienestar de los animales, ya que no solo vela por su seguridad, sino que tiene un papel fundamental a la hora de detectar cualquier señal de enfermedad o estrés. Por ello, el uso de collares de geolocalización ha facilitado mucho la labor de localización de los rebaños en alta montaña, mejorando así la detección de anomalías y, por tanto, favoreciendo el bienestar de los animales.
Para estudiar el bienestar de las ganaderías en el Pirineo, más concretamente, en la comarca del Pallars Sobirà, investigadores y técnicos del Programa de Bienestar animal, han llevado a cabo protocolos específicos que permiten evaluar la calidad de vida de los animales. Estos protocolos no sólo incluyen la observación de las condiciones físicas, sino también de sus aspectos más sociales y comportamentales. Se han aplicado en 11 ganaderías de vacas del Pallars Sobirà con el objetivo de hacer un seguimiento detallado de las condiciones en las que viven los animales durante todo el año.
Los protocolos incluyen una serie de pruebas antes y después del verano, lo que permite comparar cómo cambian las condiciones de los animales una vez se han desplazado a alta montaña. A través de la observación directa, se miden diversos aspectos del bienestar, como su estado físico (mucosidad, heridas, lesiones, peso…), sus interacciones sociales (cómo se relacionan los animales entre sí) e incluso su comportamiento para detectar signos de estrés o malestar.
El objetivo de todo esto es obtener una visión completa de cómo el ambiente montañoso puede influir en el bienestar de los animales e identificar posibles problemas para proponer mejoras. De esta manera, se pretende fomentar aquellas prácticas o recursos que permitan que los animales se encuentren en las mejores condiciones posibles.
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